Retornos

octubre 3, 2007

Por Leonardo Sai

Sustituir instantáneamente a las instituciones de un país, cualesquiera que ellas sean, un orden de cosas enteramente nuevo y distinto de aquél con que se han criado, y que por consiguiente está identificado con su modo de vivir, con sus gustos, costumbre y aún preocupaciones, es lo mismo que derribar en un día todos los edificios de una población, para que sus habitantes, quedándose al raso, los sustituyan por otros más perfectos.

Carta a Manuel José García
Manuel de Sarratea

Solo los imbéciles son jóvenes en este país.

El amigo de Baudelaire
Andrés Rivera

Bardo.  Duhalde ha regresado a la arena política. La mediática se afirma agitada por la vuelta de la cabeza justicialista al gran hermano de la politiquería argentina. Duhalde no regresa, insiste. No se trata de su presencia sino de todo lo que significa socialmente. Desde cadáveres con paco y cocaína barata que festejan su fantasma mafioso hasta los analistas del poder y sus secretos de alianzas, pactos, venganzas, poderes económicos… todo bien sazonado con fricciones, soberbias y envidias bonaerenses: la sociedad buchona aceita su verborrea, el pasado en plena construcción.

Samsara.  El horizonte de la política argentina no es la impotencia sino un poder que puede poco, que hace del alma una estepa, pisa la conciencia. Amenazas de hiperinflación, moneda inservible, compensaciones salariales que se diluyen con empresas que extorsionan con precios y subsidios para ofrecer productos y servicios deficientes(1); una sociedad sin seguridad jurídica gobernada por decretos de necesidad de urgencia, índices manoseados, urbanización del choreo en lugar de trabajo y vivienda digna, millones de adolescentes inútiles que no estudian ni trabajan, sistema de ahorro inexistente, créditos para la vivienda inexistentes, financiamiento de PyMES inexistentes. El Estado, rifado, vampiresco, chupaba del FMI, hoy chupa de la soja, se la chupa a Chávez, a los millones de traspasos de jubilaciones al Estado después de una década de jubilación descapitalizada y forzosa. Mientras tanto, las empresas nacionales cada vez son menos(2). Es manifiesto un nuevo piso de miseria y de pobreza estructural pleno de sicarios para el análisis literario de puntillosas y obsesivas señoras de las letras, para el disfrute vampiresco de nihilistas putos, para el cobarde goce de las perversiones sublimadas en el papel del otro; inmenso nicho de corrupción política, clientelismo y futura quiebra de un Estado endeudado por un discurso progresista que resulta una especie de guiso en cocción con ideologías que van desde Antonio Gramsci, el Che, Mariátegui, sazonado con gauchitos giles, bailecito colla y chamanes, todo bajo ideales sanmartiniano-bolivariano, bien latinoamericanista: ¡Es el socialismo putaparió del XXI! Las ovejitas lanosas del estudiantado de las ciencias sociales rezan sus libros, le prenden un sahumerio a las abuelas K, enarbolan los pergaminos de la protesta social, la lucha, los luchadores populares, la resistencia, el contrapoder, la base, los cristos revolucionarios y la pachamama bolchevique. Se han inventado un Hegel piquetero, con torta frita, que corta ruta, chupa mate y escucha a José Larralde: un Hegel a lo Rubén Dri. Como afirma la inteligente Marcela Bosch, no hay diferencia entre el Dios teológico de la supuesta Vida y el Dios que Mata de la doctrina de la seguridad nacional: son un mismo programa existencial. No se trata de la teología de liberación sino de liberarse de la teología, darle una buena sepultura, a todos los teólogos, de izquierda, de derecha, de centro, y de contramano, a todo ese cadavérico nimbo del pensamiento judío-cristiano, a toda esa exhuma de la voluntad de nada. Y, quede bien claro: no se es pro-latinoamericanista o etnocentrista porque se festeje estúpidamente una camiseta. América Latina aún no existe. Su extensa geografía no constituye un poder simbólico unificado. Y poder simbólico no es un combo de caleidoscópicas imágenes por más ricas, heterogéneas, diversas, exóticas y vírgenes que éstas sean: es el problema de la construcción de un Estado democrático en América Latina(3).

De lo expuesto arriba se gesta la novela de nuestra cotidianeidad que se parece al trabajo de un plomero, de un mecánico, de un gasista, de un electricista, de un operario: no cambiemos nada, arreglémonos con lo que tenemos, viste. Las alianzas y las mayorías se desvanecen en arenas, los limites no dibujan rostros. La voluntad de poder muestra una potencia patética. El 76 fecha la defunción del discurso político. Volvamos al ácido argentino, este nuevo reflujo del alma colectiva.
 
Hay algo de razón en la sociología instantánea de Ignacio Copani(4). Le bastó una frase para definir la política argentina: lo atamo’ con alambre. Así la cerda con la panza. No se trata de una instancia crítica ni del castigo por su ausencia sino del goce en lo mediocre: ¡Atalo con alambre! ¡Ni te hagas problema! Hay momentos en donde es difícil analizar la política, dan ganas de putearla, de cultivar la mala educación ciudadana: insultar al poder. Soy demasiado argentino. Trataré de evitar la fácil indignación, es decir, el sostenimiento de un discurso hipócrita respecto de los poderes que constituimos y de lo que hacemos, de las demandas de políticos ejemplares y de la paz social alcanzada con una corrupción no demasiado visible y una economía emparchada. Dan ganas de tirarlo todo, de romper el tablero. Son momentos en donde la voluntad destructora puede confundirse con el instinto de muerte, la voluntad de devastación. Son momentos de una oscura lucidez social. Miramos hacia atrás y vemos que ese impulso “transindividual” se repite de un modo sistémico. Salvo que, esta vez, ya nadie recurrirá a las fuerzas armadas. Lo real de una democracia, incluso de una como la nuestra, es esa huella, lo que se llama una marca simbólica, una escritura cruel, que fuerza a una maduración ética de la sociedad: proceso lento, espeso, social. En este sentido, existe la posibilidad de que la calidad de las respuestas sea crecientemente superior y se fortalezca lo que un sabio economista denominaba como “densidad nacional”(5). También podemos aferrarnos a lo conocido. No nos confundamos: Duhalde no regresa, nosotros retornamos a él.

Formas del aburrimiento: Aliverti y Gombrowicz.  La sacrosanta columna de Eduardo Aliverti habla de “El embole”(6). San Aliverti dice una y otra vez más o menos lo mismo, pero su voz calienta el imaginario de algunas hembras, amantes de milongas y FM 2×4. Esta es su función social más importante. Aunque, y no es un dato menor, su voz también pega con el reflujo matinal, el mate, la galletita y la puteada capitalina. En esta nota de opinión, el periodista se confiesa aburrido, tedio total. Se trata de un embole malo, jodido, y no tanto en referencia al político (que hace lo que se le deja hacer) sino un embole social, un estancamiento bovino del ánimo colectivo. Hay una mediocridad que diagnostica como masiva, que oprime el alma de los pensadores, la mediocridad de los que se aniquilan entre sí por “cuitas personales”, la mediocridad de la tele, la mediocridad de las clases medias “de mayor bagaje analítico” y donde el kirchnerismo es el opio de los pueblos “parece que el kirchnerismo opera una parálisis de energía conceptual”. Así, “lo que hay” sepulta “lo que debe ser”, el ser humilla el deber ser: todo plano, una estepa, no hay valores, a llorar la Biblia junto al calefón. San Aliverti dice que “lo que hay” se ha vuelto independiente de toda axiomática. Para el argento medio, el Adrián Suar que supimos conseguir, lo que cuenta al final del día es el SER. No el deber, no la moral, ni menos eso ¿cómo se llamaba? ¿Tomás Moro? ¿Utopía? ¿No-lugares? Aliverti esta podrido de una sociedad conformista y boluda, que acepta el modelo vigente y carece de pensamiento crítico. Quiere un Buenos Aires lleno de Alejandros Horowicz, una ciudad iluminada a sesenta watts, para no encandilarse. Al final de la nota, Aliverti dice que si el kirchnerismo culmina en esto, solo esto puede, y la sociedad lo congela, entonces, el olor a pútrido comienza a emerger. Lo muerto se empieza a carcomer lo vivo, lo poco ganado se perderá. Y, bien advierte, ya no se tratará de aburrimiento. Votaremos, pues, por más espacios para el progresismo, la fe en el afiche “el cambio recién comienza”.

A mí la política argentina no me embola. Me violenta y me calienta. Cristina excita, no sé si aburre. Esa mediocridad masiva de tinellización intravenosa, detestada por San Aliverti, no es por Embole que abraza al matrimonio K sino por porque no quieren otro cotillón para lo mismo sino previsibilidad (parece que para la izquierda pensante solicitar un crédito —una transacción común y corriente en cualquier parte del mundo— sea para una casa o para una licuadora es instaurar un pacto con Satanás) porque no quieren que venga otro con La Receta, con la contrarreforma, con un Contrato Moral, que tire todo por la ventana, sacuda el mantel, y que vengan los nuevos amigos. Y, en realidad, nada se cambia, a veces, ni el personal que ejerce la corrupción. No solo los empleados estatales piensan así. La mayoría está podrida de irse al purgatorio cada diez años. Toda la pirotecnia encubre, justamente, la continuidad estructural desde Martínez de Hoz. Un nuevo cotillón cada diez años. Ortodoxia hasta estrangular, explota la olla, una pizca de aparente heterodoxia, y la rueda gira. La obscenidad de la pirotecnia ha cosechado un público soberbio que sabe como y donde participar con las payasadas de los políticos y que sabe sacar el mejor provecho posible del llamado Embole, individual, fragmentaria y masivamente. Así, todo atadito con alambre, vamos a octubre. Eso sí: esa misma sociedad luego comprará el Página 12, identificará en alguna columna de opinión cuál es el discurso correcto que hay que portar para ser moralmente probo, manifestará sus repudios a los hechos que hay que repudiar y lavará prolijamente su conciencia bajo su lengua filosa y soberbia: los políticos son todos una mierda ¡este país es un embole, loco!. Me pregunto: ¿Que nos hace mejor a nosotros, los buenitos ciudadanos, si ni la senda peatonal respetamos? Basta ver un cruce de avenidas, observar el zoológico de colectiveros, taxistas, oficinistas, histéricas impacientes al volante, para preguntarse, sinceramente, donde la supuesta mierda está realmente.

Cuando Aliverti enumera sus ¿Quiere o no esta sociedad…? ¿Quiere o no esta sociedad…? se parece más a la demanda de un adolescente enamorado ¿Me querés? ¿Me amas? que a un analista político. La máquina deseante de una sociedad fluye y corta, es decir, se derrama y produce representación. Y la representación reprime una parte de la máquina, conteniendo sus flujos que estallan por otros tubos. El deseo es economía política, y si la soja cubre los gastos, hay que pensar en renovar las tierras, la pingüina otro rato, y a no hacerse el aburrido. Hay mucho que hacer y no hay tiempo para delarruismos del espíritu. Pidiendo a gritos ¡quiero una clase dirigente! ¡quiero una clase dirigente!, mofándose de la mezquindad de la burguesía country, cholula, snob y provinciana poco se resuelve. Un proyecto a largo plazo no se construye solo con mentes brillantes. Todavía estamos aprendiendo nuestra joven historia. Y hay algunos imbéciles que incluso cuestionan a historiadores carismáticos como Felipe Pigna que son canales comunicantes con la nueva sangre. Lo cierto es que quienes tienen hoy cincuenta años no verán el emerger del tan necesario “proyecto nacional a largo plazo”. Estarán muertos. Y eso le jode cualquier humano, demasiado humano. Se aburren, protestan, se quejan, ranciamente, interminablemente. Quisieran anunciar el mediodía del país que soñaron de jóvenes. No lo verán. Quizás, yo tampoco. Pero, por lo menos, hay formas menos infelices de envejecer. El aburrimiento lejos de ser malo, es vital. Claro, cuando el aburrimiento no se lo vive al modo de Aliverti sino al modo nietzscheano. Y nietzscheano polaco, es decir, Witoldo Gombrowicz.

El aburrimiento no es un tedio, no es idiota: es un disolvente. Es el Pepe de Witoldo. Lleva las cosas a una extrema simplicidad, trastoca los sentidos establecidos, elimina personajes sagrados del pensamiento, niega trascendencias, licua totalidades fantasmaticas. No es un quehacer cómodo. Es toda una sociedad la que esta en juego, la que se pone en acción, la que se prepara para invertir los valores. Pragmatismo. No preguntarse ¿Qué es un cuchillo? sino cortar el bife. Esta actitud, que tanto define a la juventud apática de Aliverti, que no se pregunta ¿Qué es Kirchner? ¿Qué es Macri? sino que vota lo que le sirve sea en una municipalidad, centro de estudiantes o elecciones nacionales. Los pocos jóvenes que piensan con sus propias cabezas son pragmáticos. El resto o le prende velones a ídolos suministrados (familiar o universitariamente) o goza animalmente. Su única estrategia grita: ¡Mirémosle la bombacha al poder (al Ideal)! Su táctica implica dos movimientos: 1) para salirse del aburrimiento hay enamorarse 2) para salirse del enamoramiento, la hipnosis y la psicología de masas hay que aburrirse. Se trata de una simplicidad, muchas veces, considerada como idiotez. Y es entendible, esta estrategia no encaja en ninguna horma social, resquebraja la forma, hace surgir lo sobrante o la insuficiencia, aquello que tuvo que ser dominado para presentar una máscara en el baile social, para ser aceptado por la plantilla social. Y la pose, la buena forma, la forma adulta, consistente, la forma segura es prestigio. Y, el prestigio, una cuenta bancaria.

En realidad, ese aburrimiento, el de Pepe, el de los jóvenes, el nietzscheano-polaco, es el único movimiento vivo y subterráneo en estos días. Enuncia así sus interrogantes: ¿Por qué te hiciste sociable? ¿Cuál fue el precio de esa careta? ¿A quien le importas sin tu prestigio? ¿Qué quisiste ocultar con el logro de tu poder?

Peronismo biológico.Soluciones obvias, fáciles, rápidas, inmediatas y compulsivas como las que Sarratea advertía no existen. No se trata de un pedido ¡qué se vayan todos! sino de una imposición, un nuevo piso de discusión política. No va a elevarse arriba lo que se tiene que ejercerse desde abajo. Recuerdo los tiempos en que Kirchner era la supuesta marionetita de Duhalde al Kirchner Erecto, hombre de poder y político “más inteligente”: ¿Qué sembró su artificio, su ISMO? ¿Cuáles son sus nuevos rostros? ¿Scioli? ¿Filmus? ¿De Vido? Al menos en el menemismo la pasarela vestía más personajes. ¿Quiénes nacieron de su tierra? En ese sentido: ¿Quién puede sorprenderse del retorno del más pragmático animal en el peor momento de la monarquía matrimonial? Duhalde hizo sus cuentas. De continuar sumando torpezas y errores políticos —en un contexto de probable crisis y persistente temor financiero mundial— la pingüina revienta en dos años. ¡Y como no va a estar ahí ya circulando, con los colmillos bien afilados! ¡Es el retorno del Hombre Corcho(7) carajo! Duhalde es el pedagogo de la política argentina contemporánea. A la pregunta de Lenin ¿Qué hacer? el bonaerense ha enseñado a responder: lo que la gente quiere. Y para eso, nos ha legado un preciado instrumento total: el marketing y las encuestas de opinión. Desde Duhalde, todos son Duhalde, y hacen lo mismo que él. Vayamos a 1992.

El 14 de mayo de 1992 se crea el Ente del Conurbano. De la noche a la mañana fue la meca por la que desfilaron funcionarios, legisladores y medio mundo mendigando regalías y espacios: obras, contratación de empresas, apoyo político a cambio de, etc. Cuenta Hernán Lopez Echagüe que este Ente va a adquirir todas las características de un centro de campaña político: cada 15 días, los intendentes peronistas de los distritos del conurbano se reunían para examinar la situación política del municipio. Todos son adictos a las encuestas. Se sientan con los estudios en la mano (encuestas de imagen del gobernador y de cada uno de los intendentes en cuestión) consideran el destino de los fondos. En su libro “El Otro”, Lopez Echagüe relata que contaban con un sistema informático geográfico que era un programa que les permitía en segundos determinar por lote, por manzana, las carencias de infraestructura de cada sector con sus respectivos cantidad de votantes: se elabora otra encuesta, esta de carácter asistencial, y se le da a escoger al vecino la obra entre un puñado: cloacas, electricidad, etc. ¿Qué hacemos? Lo que la gente quiere. A esto se lo puede llamar presente absoluto no porque lo sea sino porque es incontrolable y todas las fuerzas están puestas en juego para canalizarlo: entre mayo de 1992 y junio de 1995 el Fondo del Conurbano realizó inversiones por 1.581.405.798 pesos = un millón y medio por día. Sin control. El 90 % por contrataciones directas. Tiempo después, Alfonsín arruina a Duhalde con el pacto de Olivos y Menem festeja en su rostro. Hoy Alfonsín le da la mano. Duhalde se había gastado 96 millones en publicidad, 100mil por día, de allí un dicho se vuelve común “roba pero hace”. Y el cabezón hizo de todo. Y no alcanzó: Cabezas. Pero la forma de gobernar es, exactamente, la misma: encuestas y dinero. La política K y la anti-K no son otra cosa. Duhalde regresa porque él mismo condensa el horizonte de la política argentina.

Poder del Pueblo.  Gilles Deleuze, un ángel filosófico, definía al fascismo deseante, a los microfascismos, como una voluntad de devastación. En su maravilloso libro “Meditaciones” el pastor más inteligente del siglo XX —Martín Heidegger– diferenciaba la voluntad devastadora de la voluntad destructora. En el psicoanálisis freudiano se corresponde a la diferencia entre instinto de muerte y pulsión de muerte. Es un poco más complejo que el juego imaginario-mitológico de Eros y Tánatos que se parece a la re-edición de la eterna batalla del Bien y del Mal del viejo Zaratustra, refiriéndome, por supuesto, a Zoroastro. En el capítulo “Maquinación” (violencia, poder, señorío) Heidegger afirma notablemente: “Destrucción significa aquí: llevar a cabo una definitiva perturbación de lo vigente desde una ya realizada decisión de otro comienzo. Pero devastación es el socavamiento de toda posibilidad de comienzo, en razón del pleno enceguecimiento a través del egoísmo vuelto incondicional en desmesura, que tiene que conceder como su inatacable adversario a la meditación, en la forma en que la violencia hace concesiones, repudiando lo concedido en la supuesta vanidad de lo “ridículo” y débil”. La voluntad destructora no se opone a la democracia y está atada a la pulsión de vida porque ya contiene en sí otro horizonte… como una serpiente que muda sus escamas.

La democracia es esa formación social entre bestias humanas que debe recuperarse, reanimarse, sobrevivir, que debe hallar un nuevo campo de actividad, a pesar de nosotros mismos, de las estructuras humanas, y de cada nueva elección, es decir, luego de cada alianza entre la estupidez, la bajeza y la desesperación.

Notas 

(1) Mecagoenmetrovías.

(2) Informe INDEC sobre las 500 grandes empresas, 2007.

(3) Oscar Oszlak: El Estado democrático en América Latina: Hacia el desarrollo de líneas de investigación. Revista Nueva Sociedad N° 210; Julio-agosto 2007.

(4) “¿De donde extraería la sociología los interrogantes que se formula si no es de la sociedad?… Por lo que a mí respecta, no podrán acusarme de no haber tomado desvíos respecto de la actualidad, ya que creí necesario que debía remontarme hasta el siglo XIV para ver cómo se anudaban los hilos de la cuestión social contemporánea. Pero lo hacía con la convicción de que los análisis empiristas, vale decir, también instantaneístas del presente, que constituyen una buena parte de la producción sociológica, son reductores respecto de lo que está en juego cuando uno se dirige a la sociología. Reductores, o sea, ciegos al espesor de las demandas sociales contemporáneas. No habría que mirar desde arriba esas demandas desde arriba en nombre de un saber caído no sé de donde, ni despreciarlas en nombre de una concepción formalista o cuantitativa del rigor científico, sino más bien hundirse en ellas, trabajarlas desde el interior…” Ver en La sociología y la respuesta a la demanda social por Robert Castel en ¿Para qué sirve la sociología?, Siglo XXI Editores, 2006.

(5) Ver Aldo Ferrer.

(6) Nota en Pàgina 12; Eduardo Aliverti, “El Embole”.

(7) “El Hombre Corcho, el hombre que nunca se hunde, sean cuales sean los acontecimientos turbios en que está mezclado”, Aguafuertes, Roberto Arlt.

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3 Responses to “Retornos”

  1. Guillermo Ortiz de Suarez Says:

    Cuando era chico lo quería mucho a Aliverti. Hoy practico salto en largo con sus columnas de los lunes.
    Lunes, alguien tenía que decirlo.

  2. Osvaldo Croce Says:

    Leonardo, me parece estimulante que la emprendas a diestra y siniestra con lo establecido como socialmente correcto.
    Y sostengo que entre tu discurso y el de Eduardo Aliverti está el alambre por donde camina la verdad.
    Ni tanto ni tan poco.
    Coincido con Aliverti en el reconocimiento de la mediocridad reinante. Es un hecho.Y que si toda la reforma posible en la política nacional es esta, estamos jodidos. Hay que apuntar más alto. Superarse.
    Coincido contigo en que este es el momento pragmático, no el de los tironeos por acá o por allá, que así se termina en el Regreso de los Duhaldes vivos.
    Pero la conformidad y el no análisis y el no proyecto tienen las patas cortas. Alguna vez hay que bajarle la bombacha al Poder y hacerse grandes llevándoselo a la cama.
    Con tipos simplficadores de todo como Pigna, un jibarizador de la Historia, verdadera reencarnación de Félix Luna pero encima desleído, no vamos más allá de las infografías a todo color y el youtube.
    Alguna vez hay que poner las manos a la obra y ensuciarse para conseguir algo mejor.
    Sentándose a tomar gaseosa light y firmar el crédito hipotecario mientras escuchamos música tecno y miles de pobres diablos se mueren por ahí donde no vemos y pocas decenas de tránsfugas se llevan toda la torta, nos conduce a la cloaca sin saberlo.
    Entonces, reconozcamos que esta sociedad a la que pertenecemos -cuyo nivel intelectual va de 10 a 12 años como lo dicen los Suar que hacen programas de tevé y filman para mayorías- no parece dispuesta a cambiar nada, ni ahora ni nunca. Que el aburrimento corroe el alma y el pragmatismo lleva a Menem. Y que alguna vez hay que dejar la comodidad del ombligo propio y mirar el cuchillo,pensando que puede servir para algo más que para cortar carne.Gracias por pensar y ayudar a hacerlo.

  3. Leonardo Sai Says:

    Gracias Osvaldo, me encantò tu post.
    Un abrzo


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