Nación Apache

marzo 14, 2010

Por algún insondable motivo, Google eliminó de sus búsquedas el link a Nación Apache: http://www.nacionapache.com.ar/

Pedimos disculpas y le pedimos a todos los lectores que clickeen en la dirección web anterior que los llevará al blog original.

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[Si hay algo que faltaba a la humanidad es la globalización y privatización de la guerra. El ejemplo de las notas precedentes coloca a Blackwater como el paradigma del sondercomando móvil de occidente. El campo de exterminio es todo el mundo, y la tecnología de masacre se desplaza donde surge el problema. Los “operarios” (u obreros del terror) son reclutados entre las fuerzas de seguridad entrenadas por estados “independientes” al contratista principal de la compañía: el Departamento de Estado o la CIA, que es lo mismo con diferente olor. Así, los EE. UU. triangulan evadiendo el costo del entrenamiento, gastos varios, explotando el producto conocido como soldado, ahora “socio” sin más bandera que un contrato. Como todo emprendimiento, tiene su propia página web, en la que exponen cierta normativa ética, bajo el paraguas de una misteriosa asociación (IPOA), que en su traducción al español exhibe la siguiente pieza de perversión legal. Las erratas corresponden al original y bajo ningún concepto vamos a corregirlas.]

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G.B., 12 años en la Legión, cuenta por primera vez cómo fue contratado por la empresa Blackwater para misiones en aquel país tras la salida del Ejército ordenada por Zapatero. Otros españoles instruyen a hombres en Bagdad. Un ex militar selecciona ahora candidatos para hacer un nuevo envío de profesionales
 

Por Ana María Ortiz
 

Decidió romper su contrato con Blackwater y abandonar Irak el día que una ristra de balas taladró la chapa sin blindar del camión en el que viajaba y que custodiaba. Las condiciones de trabajo no eran ni mucho menos las que Blackwater -el polémico ejército de mercenarios que opera en Irak, investigado estos días por el congreso estadounidense por su violencia desmedida y por el asesinato de civiles- le había prometido a G. B., español, 36 años.

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